Los estados de ánimo no son sentimientos que van y vienen. Son disposiciones duraderas que moldean cómo vemos las posibilidades, interpretamos los eventos y nos relacionamos entre nosotros. Cuando el estado de ánimo predominante en una organización es la certeza — o peor aún, la certitud sin fundamento — esta cae en el dogmatismo: cerrada a la evidencia, resistente al cambio y ciega ante las oportunidades emergentes.
La curiosidad como estado de ánimo significa algo diferente. Crea un clima organizacional de apertura, donde las personas están genuinamente dispuestas a considerar perspectivas que difieren de las propias, a convivir con la ambigüedad y a explorar antes de concluir. Este es el fundamento sobre el que la innovación y la colaboración se hacen posibles.


